lunes, 11 de enero de 2016

Korda y la fotografia de moda en La Habana

Por Pablo Paniagua
Desde el año 2000, las colecciones Crucero de Chanel han viajado a lo largo y ancho del mundo, desde Miami a Seúl, pasando por Viena, Venecia y Singapur entre otros lugares, siendo Roma y los míticos estudios de Cinecittà el último escenario elegido por Karl Lagerfeld para mostrar sus creaciones. Pero lo que más interés ha suscitado es la localización para presentar la propuesta Crucero del 2016-2017. El próximo 3 de mayo, La Habana verá como su cultura, colores y referentes estéticos inspira la colección de una de las casa míticas de la costura francesa. Momento histórico y decisivo en el interesante proceso de apertura en el que está inmerso el país desde el pasado año.
Seguramente que el equipo de Mr. Lagerfeld habrá viajado a la isla para inspirarse y documentarse sobre uno de los lugares que más fascinación causan en este mundo. Y sin duda habrán revisado con lupa la obra del mayor fotógrafo de moda que ha dado Cuba, Alberto Korda, de quien tuve la suerte de ver una maravillosa exposición en la última edición de PhotoEspaña 2015 y ver cómo un artista puede pasar a la historia por una foto mítica, en este caso la realizada al Che Guevara y que ha sido reproducida en todo tipo de soportes imaginables, pero tener una de las obras más interesantes y completas en lo que a retrato femenino se refiere.

Ponte cómodo y disfruta conmigo de la obra de este maravilloso fotógrafo, lo único que tienes que hacer es continuar leyendo.


Alberto Díaz, que posteriormente firmaría como Korda, nace en La Habana en 1928. Es a la edad de 16 ó 17 años cuando toma prestada la cámara de su padre, una Kodak 35, y comienza a fotografiar a su novia de juventud, Yolanda, intentando simular las sesiones y posados que veía en las revistas de la época, siempre extranjeras. De esta época sólo se conservan unas diapositivas bastante deterioradas, pero consta que le dedicó un álbum entero.  Al tiempo cuando consiguió ahorrar para comprarse su propia máquina y aún como fotógrafo amateur (profesionalmente se inició como agente de ventas) inició su relación personal y profesional con Julia López.
Julia era la menor de una familia de origen muy humilde de ocho hermanos, que vivían en Santa Fe, un pequeño pueblo costero a 10 kilometros al oeste de La Habana. Sólo pudo estudiar primaria ya que a los 13 años comenzó a trabajar en la casa de una familia adinerada para poder ayudar a su familia. En 1950, con 17 años, conoció a Alberto, quien al independizarse se había ido a vivir a Santa Fe. Él tenía 21 años cuando la conoció y comenzó a trabajar con ella, casándose en 1951, el mismo año en el que nació su primera hija, Diana.
 Ya casados, Julia le acompañó en sus viajes comerciales por varias ciudades y pueblos de Cuba o para ver las carreras de coches, a las que ambos eran muy aficionados, convirtiéndose estos viajes en perfectas localizaciones para que Alberto la fotografiara hasta la saciedad. 
 Julia fue su primera modelo, sin serlo profesionalmente, en estas primeras fotografías que nunca llegaron a ser publicadas en las revistas, sino que se quedaron en el archivo familiar. Con ella, Korda ensayó poses, ángulos, esquemas de iluminación y composiciones que le caracterizaron como uno de los mejores fotógrafos de la moda de la época. 
Ya como fotógrafo profesional, Julia, al igual que su hija Diana, sirvieron de modelo para algunas de sus primeras campañas publicitarias en su primera etapa como fotógrafo de publicidad, hasta que se separaron en 1956.
En 1954 Alberto ganó un concurso al realizar una campaña para la compañía de seguros Godoy Sayán, cuyo premio consistía en 500 pesos y un pequeño local en el edificio de La Metropolitana, situado en la calle O'Reilly, donde fundó us primer estudio de fotografía -Korda Studios-, junto con Luis Pierce Byers. Dos años más tarde, debido a la creciente demanda de una clientela diversa y variada, decidieron trasladarse a la calle 21, zona céntrica de El Velado, a un nuevo local más amplio, al que dieron el nombre definitivo de Studios Korda, siendo esta la marca comercial con la que firmaron muchos de sus trabajos. Al tiempo que el estudio comercial ganaba fama en el terreno de la fotografía, fue posicionándose también como un centro generador de ideas más allá del mero encargo, lo que les diferenció dentro de un ambiente publicitario muy competitivo.
Alberto siempre se reservó las campañas publicitarias más relevantes que implicasen retratar mujeres. En ellas, desarrolló toda una creatividad propia y vanguardista, pero inserta, a la vez, en el lenguaje de la fotografía de moda internacional que aprendió en revistas como Vogue o Harper's Bazar, lo que llevó a Studios Korda a ser identificado con su estilo. Pero mantuvo también una actitud transgresora para los cánones de la época, al poner en contraposición directa la belleza femenina y lugares poco habituales como paisajes en decadencia. Trabajó fuera del estudio la luz de exteriores de manera excepcional.
La mayoría de estas imágenes fueron publicadas por la revista cubana Carteles, en su sección "Cine Bellezas", acompañadas por textos escritos por Guillermo Cabrera Infante bajo el seudónimo de G. Caín, que contribuyeron a enfatizar su carácter narrativo. Al mismo tiempo Korda trabajó para grandes diseñadores de la época como Bernabéu, Melly López, Pepe Fernández, René Sánchez y Rivero y Mojeno que tuvieron abiertos sus talleres de alta costura en La Habana en los años cincuenta. 
Desde el inicio, Korda seleccionó personalmente a las modelos de las que acudían a su estudio para ofrecerse, pero, también, de mujeres anónimas elegidas al azar en la calle que le cautivaron con su belleza. Al poco tiempo de abrir los Studios Korda, Alberto conoció a Nidia Ríos, una joven estudiante de la escuela americana de La Habana que le llamó enormemente la atención. Nidia, una joven alta, rubia platino y delgada, carecía de experiencia como modelo, por lo que fue aprendiendo a medida que Korda afinó su técnica en este nuevo género. Las fotografías de Nidia que Korda fue publicando en las revistas la dieron una rápida popularidad y la convirtieron en una de las modelos cubanas más importantes.
Poco más tarde, Korda incorporó a la modelo Natalia Magali Méndez Ramírez, conocida como Norka, que para entonces trabajaba profesionalmente en la televisión y empezaba a hacerlo para la alta costura. Con Norka, una mujer delgada de gran estatura y curvas clásicas, de piel muy blanca y ojos claros, formó enseguida un dúo creativo que les hizo colaborar activamente entre 1956 y 1963. La revista O Cruzeiro Internacional llegó a dedicar un artículo a esta dinámica pareja que fusionó fotografía y elegancia a la perecí. Norka fue su musa y modelo favorita.
Norka se convirtió también en la segunda esposa de Korda y madre de otros dos de sus hijos. Sus embarazos la retiraron temporalmente de la moda, no obstante, el fotógrafo continuó trabajando con Nidia Rios y Norma Martínez - una estudiante de magisterio que Korda acabó convirtiendo en modelo profesional- así como también Maricusa Cabrera y Miriam Socarrás, entre otras. 
En enero de 1959 triunfó la Revolución y Korda se convirtió en uno de sus fotógrafos más reconocidos. La moda y publicidad empezaron a ser vistas como reminiscencias pequeño burguesas pertenecientes al pasado, por lo que poco a poco dejó de ser una fuente de ingresos para modelos, diseñadores, fotógrafos, etc.. Cuando el trabajo en estudio empezó a ser casi inexistente, Korda salió a la calle a buscar a sus modelos en los desfiles, celebraciones y mítines políticos.
En abril de ese año y durante un viaje oficial acompañando a Fidel Castro, Korda conoció en Nueva York a Richard Avedon, a quien admiraba profundamente. Allí, al mostrarle algunos retratos de Norka, éste le instó a desplegar su propio estilo liberándose de otras influencias. Pero Korda no negó ni quiso rechazar la impronta que tanto el propio Avedon como otros grandes de la fotografía de moda americana como Irving Penn, tuvieron en su propia obra. 
Korda recreó en su estudio de La Habana ambientes modernos y estableció una unión con la retratada que transcendió cualquier tipo de mensaje publicitario. Sus imágenes, independientemente de su contexto comercial, son retratos que funcionan por sí solos, dada la capacidad histriónica de sus modelos y la puesta en escena dirigida por él.
Esta creatividad rompió con el prototipo de imagen publicitaria cubana de la época: frente a las mujeres caracterizadas por su voluptuosidad, de poses provocativas que incitaban al deseo carnal -gestos propios de la sociedad "machista" cubana de entonces- Korda apostó por líneas y contornos casi abstractos y elegantes; por la suavidad de movimiento y la síntesis de elementos en la composición, como señaló la historiadora de la fotografía cubana Cristina Vives.
A pesar de todo, Korda llegó a ser criticado por publicar algunos retratos de mujeres desnudas o 
semidesnudas en la sección "Cine-Bellezas" de la revista Carteles. Ante estas acusaciones Korda pidió a Lourdes Colete, secretaria de Studios Korda, que se vistiera de riguroso negro y posase para una sesión en el cementerio de La Habana, que publicó, como réplica bajo el título de "La belleza y la muerte", en la misma revista en 1959. 
Pocas semanas después de la entrada de los rebeldes en La Habana, Korda fue llamado junto con Raúl Corrales, Osvaldo y Roberto Salas al primer viaje de Fidel Castro ya como primer ministro, a Venezuela. El hecho de que le eligiesen siendo un fotógrafo de moda (algo tildado de frívolo por la Revolución) y no de prensa, llama mucho la atención. La explicación radica en que Korda, más allá de lo que fotografió, supo extraer todo el valor semántico de un retrato.
En su obra, Korda se limitaba a sustituir a sus modelos por los nuevos líderes, manteniendo esta estética basada en la imagen informativa pero, al mismo tiempo, simbólica, de la fotografía más comercial. Como dijo de nuevo Cristina Vives, Korda "fue, por suerte, un improvisado ·fotoreportero· pero un experimentado publicista".
Cuando la publicidad y la moda dejaron de ser fuente de trabajo para los fotógrafos en Cuba en los años siguientes al triunfo de la Revolución, Korda mantuvo abierto los Studios Korda. A partir de entonces, simultáneo la escasa fotografía de estudio con los viajes en labor periodística junto a Fidel y con las pocas campañas publicitarias que trataron de promocionar en el exterior los productos nacionales por excelencia: el turismo y la artesanía para las que utilizó a Norka como modelo.


 En 1960, la revista Carteles dejó de publicarse, por lo que empezó a colaborar de forma más esporádica en la sescción "La ninfa constante" de la revista Cuba. Pero en el nuevo contexto las modelos fueron seleccionadas por sus atributos morales: fueron mujeres trabajadoras o estudiantes y, además, fue imprescindible que las fotografías se acompañasen por entrevistas en las que transmitieran su deseo de contribuir a la nueva sociedad. 
Por otro lado, el apoyo popular a la Revolución se manifestó a través de concentraciones, desfiles, mítines, campañas de alfabetización, etc., donde Korda incorporó nuevos protagonistas a su estética, esta vez en forma de símbolos (banderas, fusiles de milicianos(as), sombreros de campesinos, faroles de los alfabetizadores), pero en estos eventos buscó también un bello rostro o un hermoso cuerpo que fotografiar, en fin, una imagen femenina.
El 14 de marzo de 1968 Sutdios Korda fue intervenido por el Departamento de Lacra Social del Ministerio del Interior. Todos los negativos y equipos fueron confiscados y llevados a paradero desconocido. Semanas más tarde, sólo se recuperaron los negativos dedicados a la Revolución, que son los que actualmente se conservan en los archivos de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado de Cuba.
En 1979, después de dejar el Instituto de Oceanología donde trabajó fotografiando el fondo del mar, Korda comenzó a trabajar como director de fotografía de la recién creada revista OPINA en un intento por retomar el periodismo publicitario, a la vez que realizó fotografías de publicidad para la firma de rones Havana Club. También colaboró con la casa de modas "La Maison", donde se promovió un nuevo tipo de moda, teniendo como base la utilización de tejidos frescos y de colores llamativos en concordancia con el clima soleado y tropical. De igual manera, en la primera mitad de los años ochenta Korda colaboró con el Ministerio de Turismo, anunciando lugares de descanso, recreación, restauración, etc.. En aquellos años - la década de los ochenta- se produjo un ligero respiro en cuanto a las dificultades económicas de la Isla por el apoyo que aportó el bloque de países socialistas a Cuba.
A pesar de este retorno a la fotografía de moda, Korda era ya un reputado artista internacional al que se invitó a realizar exposiciones tanto individuales como colectivas, de sus conocida fotografías de la Revolución. En octubre de 1988, la exposición Momento della Soria, Alberto Korda comisariada por Giuliana Scime en el Centro Culturale Editoriale Pier Paolo Pasolini, de Sicilia, expuso por primera vez, sus fotografías de moda junto a las de la Revolución.

En diciembre del año 2000 Korda viajó a Sao Paulo invitado a exponer en esa ciudad. Aprovechó su estancia para realizar varios retratos de familia a la entonces alcaldesa de esa ciudad, Marta Suplicy, y llevar a cabo, además, una sesión fotográfica -la última de su vida- con varias modelos brasileñas culminando así, en palabras de su amigo y escritor Jaime Sarusky "su intensa trayectoria vital y profesional cargado de paciencia y sabiduría regresando, entre recuerdos renovados bríos, a las sonrisas y los gestos elegantes de las muchachas de moda"
Cinco meses después, el 25 de mayo del 2001, falleció en París, la ciudad donde Coco Chanel fundó su imperio, el más versátil y privilegiado fotógrafo cubano de todos los tiempos. 

1 comentario:

Ana jimenez dijo...

Increíbles fotografías, me encanta como muestra a la mujer en casi todas y la buena sensación de armonía que me inspiran.
superfluoo.blogspot.com.es