sábado, 17 de octubre de 2015

París Fashion Laboratorio

Por José Luis Maseda


Seguirá existiendo el eterno dilema de saber si la moda puede ser considerada arte o no, pero es que además te puedo asegurar que la moda es ciencia. Y si lo dudas, vente con nosotros al laboratorio experimental que ha sido la Paris Fashion Week.


 
Vale. Te has puesto la bata blanca, los guantes asépticos y las gafas protectoras (tus ojos te lo agradecerán hazme caso), porque vamos a llevarte de visita al laboratorio de la moda internacional, ahí donde se investiga, se experimenta, se crea y se prueba, unas veces con acierto y otras no, lo que marcará tendencia a nivel mundial. Bienvenidos a París.
 
La moda es reflejo de todo lo que nos rodea, y personalmente creo que lo mejor para cualquier cosa es el humor, así que lo tomaremos con eso mismo, con unas risas. Vamos que nos vamos.
Después de acabado el tour al circuito internacional de las pasarelas empezando en Nueva York y pasando por (Madrid) Londres y Milán, acabamos en París ese casi mes y medio de carreras, prisas y citas profesionales que te hacen tener un jetlag de agenda titanesco. Por no hablar de las ojeras.
Y aunque sabemos que en Milán se recrea la moda bonita y ostentosa, esa que te entra por los ojos aunque no te guste, y que en Nueva York es la industria la que se hace protagonista, en París es otra historia.
 
 
Bueno, la ciudad ya en sí es otra cosa, pero es que en cuanto a moda, a las pruebas me remito, solo tienes que mirar las fotos de algunas de las colecciones que se presentaron la semana pasada.
Y es que por ejemplo, aunque Comme Des Garçons decidiesen vestir a la prima de Triqui el monstruo de las galletas en su versión erizo de mar, lo mejorcito fue la colección de bolsos y mochilas de Rick Owens, que después de temporadas con shows en las que mujeres atletas con cara de no haber hecho bien la digestión cantaban un agresivo haka de rugby, o desfiles en los que chicos sin comer en varias semanas iban haciendo la campana con el badajo al aire, pues se le ocurre pensar que en nuestra sociedad actual, la mujer carga con el peso de la imagen de la propia mujer. Y ahí lo tienes sin retórica, es tal cual. Que una mochila de ese tipo se te quede olvidada en el metro es algo muy feo, que lo sepas, porque digo yo que al final acabas cogiéndole cariño y eso.
 
 
Bien, París es sin duda un trampolín fashion, y muchos de los diseñadores que comienzan (muchos, que desfiles oficiales “solo” hay unos noventa) necesitan como sea llamar la atención siendo en la mayoría de las ocasiones lo más excéntricamente creativos posible. Pero es que cuando las grandes firmas ya consagradas se dedican también a la investigación de conceptos, materiales o nuevas imposiciones estilísticas el resultado puede ser dos cosas: o muy interesante o un circo de tres pistas y elefantas tristes.
Tan tristes como las caras de payasas de Undercover (miedito) y tan de circo como los vestidos solubles que presentó Chalayan, que por mucho avance tecnológico que sea (y más te vale no ser de mucho sudar, bonita), serían una catástrofe en ciudades con un clima como el de París en plan ideal para pillar pulmonías o acabar enseñando cacho al primer chaparrón. Que se lo pregunten a la modelo del desfile que acabó con tiritones (señores de la producción, por caridad la próxima vez piensen en poner agua calentita, que es alta y delgada pero un ser humano al fin y al cabo, y la envidia es muy mala. Gracias).
 


En esta ocasión se ha impuesto también la fusión de géneros llevando las mujeres prendas muy masculinas o los hombres algunas femeninas (hasta faldas y maquillaje de Pequeño Pony full color), y es que cada vez más se presentan colecciones de moda de mujer en las que aparecen modelos masculinos, que pueden serlo mucho o nada en absoluto, y en el que las prendas se las pueden poner el uno o la otra. Vamos, si se atreven. Porque que alegría que alboroto, otro perrito piloto… de puesto de feria.
 

 
Y es que el hecho de que la tan conceptual Maison Margiela (de manos del sobradamente conocido Galliano) presente un andrógino chico no me sorprende ni escandaliza; que lo vistan de mujer, casi que tampoco, pero que lo disfracen de mamarracha por querer seguir la tan socializada tendencia de la transexualidad me parece un despropósito. La transexualidad, ni debería ser una tendencia social, ni es por supuesto un disfraz.
 
 
 
Aunque para disfraces, yo no sé vosotros lo valientes que sois vistiendo (me dirijo a los chicos), pero yo, que suelo serlo bastante, creo que en esta ocasión voy a pasar por discreto. ¿Qué me estás contando? Pues sí, porque si me planto en las calles parisinas con alguno de los modelitos propuestos por ejemplo por Manish Arora o Vivienne Westwood, me paran el tráfico a mi paso. Aunque ya puestos, pues oye, es una idea para reflexionar. Quiero el look jaula de Westwood, para morir de hipotermia en diciembre en un poético abrazo fusional con los candados que quedan en algún que otro puente del Sena. Oh, là-là Paris.
 

Sin embargo, y tal como se vio de la mano de Yamamoto o de Jacquemus, el nuevo enfant terrible de la moda francesa (ya iba siendo hora de un relevo, Jean-Paul), en algunos casos para la mujer se presentan propuestas mucho más sobrias y más severas. Para el primero con una interpretación muy sui-generis de viudas Walking Death después de pasar por una trasquiladora, porque muertecitas se tienen que quedar con esas corrientes que tiene que haber entre sus piernas y los ventanales de los miriñaques; y para el segundo con un “dame un trapo, que yo me lo ato” y en plan con estos abalorios y mis manitas hacerse un “desvestido”. Ser original y libre, bien. Pero parecer un pañal gigante es como un poco absurdo, sin el como.
 

Luego están los que experimentan no ya tan solo con las líneas o conceptos estéticos, sino también con los materiales. La firma española Loewe y su director creativo J.W. Anderson sorprendió con unos pantalones de plástico, algunos de los cuales llevaban el nombre de la marca cual bolsa de supermercado (¿qué invento es ese J.W.?), y unas prendas (tops o pantalones) con espejos, que seguro que veremos en muchas editoriales de las revistas más exquisitas (porque molan, la verdad), pero muy poco en la gente de la calle. Me dirás tú que te van a permitir el ir cegando a destello limpio al personal, mientras paseas sin fin, porque eso de sentarte con los espejitos de mosaico tiene que ser de todo menos cómodo. Llámame vago, vale.
Aunque bien puedes quedarte cegado de un pantalonazo Loewe como del mareo que puedes pillar si miras fijamente a alguna que lleve puesto uno de los modelitos de Miyake. Algo no apto para mañanas de resaca chunga.
 

Si has conseguido sobrevivir a la resaca pero tienes muy mala leche, igual te puedes atrever con uno de los looks de Anrealage y te plantas en casa de tus amigos para despertarlos a todos o acabar con ellos. Modelitos con un patronaje fenomenal, eso sí, pero con un darle vueltas a las cosas con los volúmenes y las proyecciones vídeo que directamente se vertían en las prendas, que no es de extrañar que hasta las propias modelos se protegiesen la vista, por eso de seguir manteniendo el norte y no salir volando.
 

 
Aunque para salir volando, y hacia el sur, lo que presentó la marca Junya Watanabe. Volando, porque yo pensaba que lo que llevaban en las cabezas las chicas eran pseudo drones modernísimos (quita-calla-quita-calla), como un símbolo del desplazamiento rápido y eficaz, ya que el show tuvo lugar en el (maravilloso) museo de la Inmigración de París. Hacia el sur, porque al ver la colección al completo, captas que efectivamente se ha inspirado en el colonialismo francés que ocupó gran parte del Continente Africano y que interpreta en líneas, estampados, y sobretodo accesorios tribales versión 2.0 (lo de los drones que te digo).
 
 
 
Me gusta la moda, vivo la moda amándola y odiándola, y a pesar de los años, sigo riéndome y aprendiendo de ella (y eso es la mejor parte). Y sobre todo me gusta saber que pese a los eternos revivals, el que todo va y viene de nuevo, la moda no deja de ser un reflejo de nuestra sociedad, y de lo curiosos que podemos ser, en todo el amplio sentido de la palabra. Investiga, diviértete.
Y luego vas y lo cuentas.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

3 comentarios:

Pretty Little Lawyer dijo...

Cuántos modelos de looks diferentes y originales. Me ha gustado mucho.
Un besito :)

Cheska dijo...

Que verdad dices pirata! Yo tambien amo la moda, vivo de ella y cuando veo ciertas cosas en la pasarela de verdad que incluso me pregunto si algun dia el glamour y le savoir faire se extinguirá para dar paso a este tipo de excentricidades, con respeto pero que horror!
A la lucha pirata!!

Cheska dijo...

Que verdad dices pirata! Yo tambien amo la moda, vivo de ella y cuando veo ciertas cosas en la pasarela de verdad que incluso me pregunto si algun dia el glamour y le savoir faire se extinguirá para dar paso a este tipo de excentricidades, con respeto pero que horror!
A la lucha pirata!!