Si, me parece que es una de la pocas palabras en los idiomas que chapurreo que en todos se escribe igual aunque se pronuncie en cada uno, como se les antoje, además, de un bonito título para una revista que no se dedica a exhibir brillos ni glamour, sino la belleza en extremis de nuestro planeta.
La publicación independiente británica con dicho título (en su versión digital: http://www.sublimemagazine.com/) aparece de manera bimensual. Caracterizada por apoyar y difundir un estilo de vida sostenible, contiene insteresantísimos artículos relacionados con temas habituales en otros medios (moda, belleza, arquitectura, arte, cocina, automoción, turismo....) tratados desde la perpectiva del respeto así como el amor por el medio sin caer en radicalismos y teorias incompatibles con nuestros ritmos de vida.
Este número 11 esta dedicado a la vida Nómada y en él se incluye una editorial disparada en el Parque Natural de la Albufera (Valencia) con las prendas de la colección del diseñador Ramón Gurillo, con base en Londres, conocido por sus prendas en punto tejidas a mano producidas de manera única, guardando la tradición de las tejedoras con los mejores hilos procedentes de Italia.
Os dejo con algunas fotos del "making off" y otras de la propia publicación.
Desembarco. Primer día en la playa del Saler, pleno mes de julio, con cantidad de veraneantes dispuestos a no perdernos de vista....y eso que es una zona bastante controlada y de acceso medianamente difícil, ya que por aquí o sabes donde vas o nunca te meterias en busca del mar tras una frondosa pinada y un lago de agua (¿¿dulce??).
Para recrear la idea de la vida nómada, los fotógrafos y su equipo (Jonathan Segade y Dani Caparrós) aparecieron con cajas, maletas y baules (encontrados vete tu a saber donde) que arrastraron hasta la localización propiamente dicha.
A mi, sencillamente, me dejaron que transpirara alegremente vestida de invierno evitando mayor esfuerzo. Cada cosa en su momento, porque cuando comenzamos a disparar (Fotos, que nadie piense que en las sesiones, encima nos dedicamos a la caza) la primera elección de encuadre fue sobre un árbol ¿Y como se sube? Pues trepando.
No, si para ser modelo hay que tener un master en cantidad de cosas, pero sobre todo, nada de miedos.
Un dia son árboles, otro barcos, con animales asquerosos y repelentes como son las serpientes (Que manía, con pensar que estos animalachos son sexys), danzando en una cornisa con el fondo del skyline de Manhattan.....el tema es echarle valor.
Eso si, la ética y las fobias personales, van delante, que nadie se equivoque con extraños mensajes difundidos en determinados programas sobre "modelos". Si no quieres, no vas, si no quieres, nadie te obliga.
Y ahora no me seais mal pensados, que estoy hablando de hacer trabajos relacionados con peleteria, tabaco, alcohol o lenceria.
La segunda localización fue subidos en una de la típicas barcazas que recorren la albufera mientras atardecía.
A la izq, el equipo al completo mientras el remero nos contaba curiosidades sobre la fauna del lugar.
Un tipo de pesca habitual es el de la anguila para después cocinarlo al "all i pebre", no es precisamente uno de mis platos favoritos, lo que si os invito es a visitar El Palmar un pueblo-isla dónde se come genial todo tipo de arroces.
Más informacion sobre el parque: http://www.albufera.com/
A la derch. con el look gypsy-trendy-rastafari-perriflautico. Por suerte para mis cabellos toda esa mata de pelo enredado no me pertenece, gracias al maquillador/peluquero Fran Llobat y sus extensiones "ratunas", consiguieron el efecto deseado.
Si bonitos y apetecibles son los atardeceres, hay que ver que lo malos que son los amaneceres, sobre todo si a las 5 comienza el ritual de transformación (peluquería y maquillaje) y tus legañas se resisten a ser extirpadas.
Captar el momento justo es cuestión de previsión, por eso, junto a la Guardia Civil fuimos los primeros en ocupar posiciones en un parking de la playa. Y otra vez, volver a sacar la artilleria: baules, cajas, cuerdas, cortinas de ganchillo, los trípodes....en medio de la oscuridad más absoluta.
Creo que los que allí estaban de servicio debieron alucinarlo (una tia que le colocan unos pelos alocados mientras un tipo en camiseta de rayas y congelado le toca la cara, los fotógrafos dándole a la bollería y los batidos industriales, el diseñador cubriendose con sus propias prendas evitando la rasca matutina...), nos observaron durante un largo rato y al final se decidieron a acercarse con su todoterreno, por lo menos, a preguntar que tipo de fechoria estabamos montando, porque aquello podía parecer cualquier cosa: una rave, un ritual de meigas o trapicheos varios.
Evidentemente no pusieron demasiada atención en el despliegue y se marcharon.
Nuestra última localización fue en los arrozales portando la guitarra auténtica de los años mozos de mi padre, foto que sirve como comienzo en la historia visual de "The Last of Summer. Take the long road home".
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.




