Hace unas semanas tuve la oportunidad de asistir invitada a las jornadas The Way We Live, celebradas en Gijón. Soy de las personas que opino siempre aprenderás algo gracias a las aportaciones de tantos profesionales como se suelen concentrar en este tipo de eventos. No siempre es así, en ocasiones los ponentes vienen solo a "hablar de su libro" (aquí como estamos en el ámbito on line, pues sería de su blog) y en otras simplemente no se genera debate de calidad... ¡¡Con lo productivos que resultan!!
Fueron dos días enmarcados en La Laboral, a donde acudieron perfiles muy diversos que ayudaron a mostrar un amplio espectro de la moda y el segmento de la belleza en el ámbito on line, aderezado con desfiles de diseñadores locales e invitados, un Urban Camp (o showroom de ventas, donde tuve un espacio dedicado a MY/TE para que las asturianas conociesen la firma) y muchos amigos, conocidos a través de la redes sociales con quien al fin tenía la posibilidad de desvirtuarlos, y otros perfiles de profesionales que iban paralelos a los temas principales de las jornadas y que nos enriquecieron una barbaridad con sus ponencias.
La mesa redonda a la que me invitaron se llamaba "Mamá quiero ser blogger". Se nos quedó corto el tiempo para exponer entre Anatxu, Rocio de "Style Lovely"e Isabel de "5th con la Bleeker St", que era quien moderaba, para explicar todo lo que SÍ hay, se puede y se debe si se quiere enfocar un blog hacia diversas vertientes y lo que NO, por encima de todas las cosas.
Pero, lo bueno vino cuando por baja de último minuto tuve que sustituir a Susana Molina en una mesa redonda donde se iban a abordar temas mucho más serios y de los cuales se habla y generando bastante ruido: Industria, subvenciones, escuelas, planes de negocio......
Como os podéis imaginar se habló mucho y debatimos bastante, los que en ese momento estábamos en el escenario, junto al público quien hizo también grandes aportaciones y aquellos que seguían el evento vía streaming con comentarios en twitter.
Aquí van algunas de mis reflexiones:
-Europa y nuestra industria.
¿En qué nos benefició la unificación con el resto de los países europeos? Supongo que a grandes rasgos mucho, pero si vemos a qué tipo de negociaciones se llegó para beneficiar las industrias y sectores en los que supuestamente éramos más fuertes que nuestros vecinos desde luego no salimos muy bien parados. No es solo una cuestión de la industria textil, sino la agricultura, el sector lácteo...
Otros países si se impusieron y consiguieron que el resto de la comunidad consumamos sus productos y no pagar penalizaciones por excesos de producción.
-Importación.
Es sabido de sobra como la importación que entra no está suficientemente controlada.
Desde Asia llegan al consumidor productos de todo tipo que no se ajustan a la reglamentación y exigencias a las que sí están sujetas las empresas con sede en territorio nacional: registros de propiedad, uso intelectual del material, identificación, etiquetación .... procesos por lo que hay que pasar para cumplir con las normas que nos benefician a todos como consumidores.
¿Por qué unos sí y otros no?
-Exportación.
¿Qué ocurre cuando queremos exportar nuestro producto a nivel internacional?
Pues nos encontramos con aranceles que en algunos casos se podían catalogar como abusivos, imposibilitando poder vender dentro de unos márgenes de precio relativos y similares a los del país de origen. Un ejemplo para que os hagáis una idea, si yo mis camisetas de MY/TE las quiero vender en determinados países latinoamericanos pagaría un impuesto de entre el 18 y el 30% del precio aplicable a cada pieza. Es decir, una sudadera de 70€ pasaría a valer 91€ convirtiéndose en un producto más inaccesible.
-Proveedores:
Cada vez las posibilidades de hallar donde comprar tejido, encontrar bordadores, talleres de estampación.... están peor. Multitud de fábricas han cerrado, en otras para conseguir que fabriquen tu petición exigen unos mínimos inabarcables, sobre todo para las pequeñas empresas, si consigues un volumen de venta de colección óptimo y necesitas producir mayor cantidad hay talleres que a sabiendas de las pocas posibilidades para fabricar en otros espacios encarecen el coste de confección, que se cumplan los plazos de entrega estipulados al inicio en España parece misión imposible...
Y la verdad, así es difícil recuperar una buena estructura de industria. No me extraña que muchos huyan a fabricar en otros países.
-Las famosas subvenciones.
En el sector moda, como en muchos otros, gracias a los años de bonanza, cuando las partidas de dinero se repartían con cierta alegría, hizo que muchos se apuntaran al dinero otorgado a golpe se subvención por parte del Estado, Comunidades Autónomas y Ayuntamientos para financiar sus empresas.
Las más llamativas, y también criticadas, fueron desde siempre las que se han dado a pasarelas y diseñadores porque detrás de las mismas nunca ha quedado patente qué volumen de negocio crearon.
Y no me extraña, porque a muchos con estas facilidades económicas se les olvidó que ser diseñador es ser empresario y no un vendedor de "vestidos del rey".
-Escuelas de diseño.
Cada año en nuestro país se gradúan 1.200 alumnos provenientes de diferentes perfiles de escuelas con titulación en moda. ¿Qué futuro les espera? ¿Se les está inculcando las nociones aprendidas de los errores cometidos por anteriores generaciones dentro del sector?
La enseñanza, a parte de la faceta creativa, también debería incluir estudios empresariales, marketing y comunicación, aunque fuese de un modo superficial y relativo, pero que les oriente para que el futuro diseñador entienda las bases de su proyecto como una empresa y no un juego de vestir muñecas.
Entonces, las cosas cambiarán.
-Un cambio para el sistema arcaico de negocio.
Estudiemos los nuevos sistemas de comercialización, busquemos una nueva relación de compra con los proveedores y venta hacia los comercios, decidamos trabajar a una escala más comedida (la imposición de los mínimos con penalización mediante si no se alcanzan son abusivos), podemos abolir los tiempos de fabricación con 6 meses de intervalo a los que obliga cuando se fabrica a miles de kilómetros...
Tantas cosas se pueden hacer, pero en cambio hay pocas ganas de cambio. Aquí todos prefieren mantener sus roles dentro del mercado y tan sólo el cierre de sus negocios les deja bien claro que se equivocaron.
No quiero que el final del post sea con un mensaje negativo, no es la intención aunque sí sea una realidad.
En fin, ¿para cuándo un cambio?